domingo, 28 de julio de 2013

Fui donde Jaime Hales...

...y me dijo que mi vida no ha empezado. Que empezará a los 27 años justos, que seré madre muy pronto. Que no me faltará nada material, al contrario, tendré una vida llena de abundancia. Que me despidieron por envidia, que tendré un trabajo maravilloso, que mi manera de pensar cambiará radicalmente...
...y si lo empalmamos con el hecho de que debo abandonar el que fue mi departamento los últimos tres años el 30 de septiembre, y que mi cumple es el cinco de octubre, por lo tanto ese día sí o sí mi vida habrá cambiado, me calza perfecto.
Hay que dejarse llevar no más.
Tammy

martes, 26 de febrero de 2013

Vida nueva

Y entré a trabajar y es todo nuevo y distinto. Y me gusta. Tuve pena o rabia, no sé, pero lloré mucho anoche. Lloré por haber sido humillada siendo que no lo merecía. Y así pasan los días, las horas, los minutos, los segundos, agradeciéndole a Dios por todo, aunque no me parezca lógico.
Y se me desarmó la vida práctica que había armado, no sé cómo voy a seguir en el Magíster, no sé nada. Creo que lo más sano para mi mente hiperactiva es entregarme a los acontecimientos.
Estoy muy contenta eso sí, aunque a ratos me de rabia y llore, y Mr. Grey se limite a mirarme con carita de preocupación y darme soluciones prácticas.

Tammy

lunes, 18 de febrero de 2013

Una vida contigo...

Antes de conocer a Mr. Grey, yo creía que casarse era un requisito o una meta para consolidar una relación. Hoy, gracias a la lectura de la gran Alessandra Rampolla y a lo que he aprendido junto a él, me doy cuenta que un matrimonio o una pareja o como le queramos llamar nada tiene que ver con una ceremonia ni con un vestido. Se construye en el día a día y de una manera que no podría explicar de manera racional. Tiene que ver con querer entenderse, con la voluntad de estar juntos, de comprometerse. No tiene que ver con la cantidad de "te amo" ni con la cantidad de llamadas -cosa que me ha costado muchísimo aceptar- sino con una promesa que se lleva en el alma y que no sabe de tiempos. Ya sé que "para siempre" es demasiado tiempo, en mi relación pasada me quedó clarísimo, y también sé que una relación no siempre es dulce y rosada. No sé cuáles son las claves de una buena relación, es probable que sólo esté escrito en nuestros destinos y haya que entregarse a él. Lo que me gusta es que quieres una vida conmigo, corta, larga, no sabemos, pero quieres estar conmigo, quieres que me vaya contigo, quieres que nos "apañemos" mutuamente en otro lugar, un lugar que yo venía soñando en solitario desde hace tiempo, dos años más o menos. Siento que esto que me pides es incluso más serio que una petición de matrimonio. Y yo te pido sólo una cosa: que no me hagas daño, que me ames mucho y me lo digas. Nada más.

Tammy

viernes, 25 de enero de 2013

Adicta al amor

Por razones que desconozco por completo soy una adicta al amor. Si no me siento amada no puedo hacer las cosas bien, me siento triste, sin esperanza. Cuando íbamos a confirmación y nos preguntaban cuál era nuestra vocación dentro de la iglesia, yo siempre decía que tenía vocación para el matrimonio. Ahora no sé si me case alguna vez, pero bueno. Tengo vocación para la maternidad y la vida en pareja. Y aunque me declaro feminista, hasta la propia Simone de Beauvoir declaró más de una vez ser dependiente emocionalmente de Sartre. Lo aclara en una de sus memorias, no recuerdo en cuál tomo. No quiero ser dueña de casa, quiero ser una mujer plena, trabajadora, que las haga todas. Y debe ser difícil, claro que sí, pero lo mismo me dijeron cuando dije que trabajaría 56 horas y lo logré, y lo mismo cuando empecé el Magíster con 44 y lo logré. "Have it all" reza el tatuaje de mi Jazz, yo también quiero tenerlo todo: pareja, hijos, carrera, negocio, profesión. No veo que ser adicta al amor sea contraproducente con estas cosas, la verdad es que, además, creo que es una adicción que no elegí, o quizás no hago nada para sanarme de ella, no sé. Tampoco es algo que me inventé porque hace poco leí unos artículos sobre esto y me quedó la impresión de que más mujeres de las que creemos son de este tipo. Ya lo dijo la gran Diamela Eltit: "El amor es el opio de las mujeres". Pues que así sea, luego de años drogándome con psicotrópicos y los más diversos antipsicóticos y antidepresivos, hoy elijo drogarme con tu amor, con tus palabras, con tus besos.
Me siento demasiado pendeja, demasiado nueva, demasiado chica.


Tammy

jueves, 24 de enero de 2013

Resumen de mi 2012

Empecé el 2012 hablando de matrimonio con mi ex pololo. Nos íbamos a casar en octubre. Compré mi vestido de novia en febrero y en marzo reservé el centro de eventos. En julio me fui a Buenos Aires y Uruguay con mi papá. En Agosto me fui a Colombia a un congreso. Entremedio de eso me enfermé, me dio un estrés feo feo que no me dejaba hacer clases. Empecé el Magíster y me fue bien. En junio-julio - no lo tengo claro- mi ex pololo me dijo que ya no se quería casar conmigo, al menos no ahora. En septiembre se murió una tía muy importante de él, hecho que a mi también me dejó hecha un estropajo. En Noviembre me fui con mi ex pololo a Buenos Aires y terminé con él por el no-matrimonio. En diciembre me echaron del colegio donde trabajé cuatro años. Me enamoré de otro hombre y fui a ver a un oráculo que me vaticinó una larga y próspera vida. Tuve mucha pena, mucha alegría y muchos viajes. Cambié mucho y todo el mundo me lo dijo, ningunx de mis amigxs ha dejado de decirme lo distinta que estoy. Ahora encontré otro trabajo y ya estoy elaborando material para ese colegio. En una semana me voy a Buenos Aires y a Uruguay, esta vez con mi nuevo pololo y eso. No sé qué puede pasar, no sé dónde voy a llegar. Después de todo lo que sucedió creo que lo mejor es esperar, dejarse fluir, o no esperar nada, así uno se sorprende gratamente de cualquier cosa. Le agradezco a Dios la firmeza que me dio en los momentos duros y sobre todo la sabiduría que adquirí. Ahora sólo tengo fe en el futuro, pero no quiero ilusionarme, no me gustaría sufrir, aunque después de todo esto creo que el sufrimiento es necesario.


Tammy

martes, 27 de noviembre de 2012

Cuento posmoderno

El fuego de su pasión los consumió. Lo mismo fue mirarse y gustarse, pero ambos le juraban amor a otros. Se miraban tímidamente entre las horas muertas de su trabajo hasta que un día ella le habló. Del tiempo, la hora, o de cualquier trivialidad. Entonces esa voz que ella conocía de oídas le impactó en sus fibras más intimas y no pudo evitar un leve atisbo de deseo. Pasaron los días, las semanas y los meses y se dieron cuenta que, pese a tener pareja, se generaba una tensión sexual entre ellos inevitable y estimulante.
Un día inesperado ella lo invitó a salir, él aceptço con la condición de que le permitiera invitarla, porque su ego masculino le impedía recibir regalos de mujeres, pero ella, que era muy orgullosa y mandona, lo invitó pagando la cuenta mientras él iba al baño. Luego de eso salieron juntos muchas veces y conversaban tanto, que un día ella sintió que debía aclarar las cosas y le dijo abiertamente que le gustaba y que le gustaría tener algo con él. Él se asombró del coraje y del carácter desafiante de ella, ya que no se estilaba en su comarca que las mujeres fuesen tan atrevidas con los hombres. Por lo mismo, le gustó más, y a regañadientes aceptó la propuesta de la gallarda princesa. Con el tiempo él se dio cuenta que la quería y que esa relación era absolutamente distinta a cualquier otra que hubiera tenido antes.
Hoy son una pareja apasionada, que vive deambulando por distintos reinos, para no apagar la rebeldía de su pasión.

martes, 7 de agosto de 2012

El ingeniero.

Como buena literata, escribo para conjurar. Este hombre debe desaparecer de mi cabeza y por eso escribo lo siguiente.

Quizás a modo de epifanía, su primer nombre era Patricio, pero le gustaba que le llamasen por el segundo. Cuando lo conocí tenía 27 años y era ingeniero civil industrial, aunque jamás tenía un peso en los bolsillos. No recuerdo nuestra primera cita. Creo que lo conocí por chat, y que fue el año 2004 porque yo iba al preu, que quedaba a una cuadra de su casa. Creo que una vez fuimos a comer helado al centro. Que caminamos por la plaza del pueblo y un día le dije que tenía malo el computador y llegó a mi casa en un Mazda 626 color plata, automático. No fue lo costoso del auto lo que me sedujo, sino el poder que le confería.
A mis papás les cayó bien, y por lo "buen partido", tanto mejor a mi papá. A los días ya eran cotidianos los mails y chateos varios hasta que una tarde me llamó al trabajo y me dijo que llevara a mi casa un sobre y un cortacartón, que haríamos algo que me iba a ayudar.
Llegó y con las cosas que me pidió, QUITÓ DE LAS PAREDES DE MI PIEZA TODAS Y CADA UNA DE LAS FOTOGRAFÍAS DE MI EX, las cuales ya auguraban en cierto modo mi TOC, no diagnosticado todavía. Yo creí, ingenuamentte, que si él había hecho eso era porque estaba enamorándose de mí y en cierto modo sentía celos de esas imágenes.
Recuerdo que, además, me regaló una hoja con una dieta que me hizo colgar de mi clóset. AHI DEBI HABERME DADO CUENTA DE LA CALAÑA DE HOMBRE QUE ERA, pero yo era demasiado ingenua y tonta todavía, tenía 18 años recién cumplidos.
Toda la relación duró cerca de seis meses, en los cuales, entre otras cosas, fuimos a ver Bridget Jones 2 casi de noche y en esa salida no me quiso prestar su chaleco "porque yo se lo iba a ensanchar" y me vino a dejar tardísimo a la casa. YO ENCONTRABA DE LO MÁS TOP ANDAR EN AUTO PARA TODOS LADOS CON ÉL. Recuerdo que también tenía otra relación paralela con Renato y a éste un día le bajaron los celos y me mostró el DICOM completito del ingeniero. No sirvió de nada, las mujeres somos muy tontas cuando nos obstinamos en conseguir a un hombre.
Después de una reunión de primos, a la cual me acompañó luego del repentino y terrible fallecimiento seguido de un tío y un primo, ambos por línea materna, lo mandé a la mierda. ME DIJO QUE LE GUSTABA LA KIKI, MI MEJOR AMIGA, le devolví unas películas que le tenía, pero él se quedó con un DVD de Diego Torres que me había regalado Renato. Ese día que terminamos fue en la tarde a mi casa y, tras una breve discusión, le apreté a propósito los dedos con una puerta de corredera de mi casa. Era enero de 2005 y ya había quedado en la U, en mi carrera, la cual él tampoco aprobaba. Todo enero se había desaparecido, según él, construyendo casas en el sur para "Un techo para Chile". Me mostró unas fotos de ese paseo en las que, misteriosamente, se repetía una y cien veces la misma niña a su lado. No había nada más que decir. Lo mandé a la mierda. Menos de una semana después, conocí a Patricio, mi pololo.


Tammy