martes, 27 de noviembre de 2012

Cuento posmoderno

El fuego de su pasión los consumió. Lo mismo fue mirarse y gustarse, pero ambos le juraban amor a otros. Se miraban tímidamente entre las horas muertas de su trabajo hasta que un día ella le habló. Del tiempo, la hora, o de cualquier trivialidad. Entonces esa voz que ella conocía de oídas le impactó en sus fibras más intimas y no pudo evitar un leve atisbo de deseo. Pasaron los días, las semanas y los meses y se dieron cuenta que, pese a tener pareja, se generaba una tensión sexual entre ellos inevitable y estimulante.
Un día inesperado ella lo invitó a salir, él aceptço con la condición de que le permitiera invitarla, porque su ego masculino le impedía recibir regalos de mujeres, pero ella, que era muy orgullosa y mandona, lo invitó pagando la cuenta mientras él iba al baño. Luego de eso salieron juntos muchas veces y conversaban tanto, que un día ella sintió que debía aclarar las cosas y le dijo abiertamente que le gustaba y que le gustaría tener algo con él. Él se asombró del coraje y del carácter desafiante de ella, ya que no se estilaba en su comarca que las mujeres fuesen tan atrevidas con los hombres. Por lo mismo, le gustó más, y a regañadientes aceptó la propuesta de la gallarda princesa. Con el tiempo él se dio cuenta que la quería y que esa relación era absolutamente distinta a cualquier otra que hubiera tenido antes.
Hoy son una pareja apasionada, que vive deambulando por distintos reinos, para no apagar la rebeldía de su pasión.