El fuego de su pasión los consumió. Lo mismo fue mirarse y gustarse, pero ambos le juraban amor a otros. Se miraban tímidamente entre las horas muertas de su trabajo hasta que un día ella le habló. Del tiempo, la hora, o de cualquier trivialidad. Entonces esa voz que ella conocía de oídas le impactó en sus fibras más intimas y no pudo evitar un leve atisbo de deseo. Pasaron los días, las semanas y los meses y se dieron cuenta que, pese a tener pareja, se generaba una tensión sexual entre ellos inevitable y estimulante.
Un día inesperado ella lo invitó a salir, él aceptço con la condición de que le permitiera invitarla, porque su ego masculino le impedía recibir regalos de mujeres, pero ella, que era muy orgullosa y mandona, lo invitó pagando la cuenta mientras él iba al baño. Luego de eso salieron juntos muchas veces y conversaban tanto, que un día ella sintió que debía aclarar las cosas y le dijo abiertamente que le gustaba y que le gustaría tener algo con él. Él se asombró del coraje y del carácter desafiante de ella, ya que no se estilaba en su comarca que las mujeres fuesen tan atrevidas con los hombres. Por lo mismo, le gustó más, y a regañadientes aceptó la propuesta de la gallarda princesa. Con el tiempo él se dio cuenta que la quería y que esa relación era absolutamente distinta a cualquier otra que hubiera tenido antes.
Hoy son una pareja apasionada, que vive deambulando por distintos reinos, para no apagar la rebeldía de su pasión.
Un día inesperado ella lo invitó a salir, él aceptço con la condición de que le permitiera invitarla, porque su ego masculino le impedía recibir regalos de mujeres, pero ella, que era muy orgullosa y mandona, lo invitó pagando la cuenta mientras él iba al baño. Luego de eso salieron juntos muchas veces y conversaban tanto, que un día ella sintió que debía aclarar las cosas y le dijo abiertamente que le gustaba y que le gustaría tener algo con él. Él se asombró del coraje y del carácter desafiante de ella, ya que no se estilaba en su comarca que las mujeres fuesen tan atrevidas con los hombres. Por lo mismo, le gustó más, y a regañadientes aceptó la propuesta de la gallarda princesa. Con el tiempo él se dio cuenta que la quería y que esa relación era absolutamente distinta a cualquier otra que hubiera tenido antes.
Hoy son una pareja apasionada, que vive deambulando por distintos reinos, para no apagar la rebeldía de su pasión.
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