viernes, 25 de enero de 2013

Adicta al amor

Por razones que desconozco por completo soy una adicta al amor. Si no me siento amada no puedo hacer las cosas bien, me siento triste, sin esperanza. Cuando íbamos a confirmación y nos preguntaban cuál era nuestra vocación dentro de la iglesia, yo siempre decía que tenía vocación para el matrimonio. Ahora no sé si me case alguna vez, pero bueno. Tengo vocación para la maternidad y la vida en pareja. Y aunque me declaro feminista, hasta la propia Simone de Beauvoir declaró más de una vez ser dependiente emocionalmente de Sartre. Lo aclara en una de sus memorias, no recuerdo en cuál tomo. No quiero ser dueña de casa, quiero ser una mujer plena, trabajadora, que las haga todas. Y debe ser difícil, claro que sí, pero lo mismo me dijeron cuando dije que trabajaría 56 horas y lo logré, y lo mismo cuando empecé el Magíster con 44 y lo logré. "Have it all" reza el tatuaje de mi Jazz, yo también quiero tenerlo todo: pareja, hijos, carrera, negocio, profesión. No veo que ser adicta al amor sea contraproducente con estas cosas, la verdad es que, además, creo que es una adicción que no elegí, o quizás no hago nada para sanarme de ella, no sé. Tampoco es algo que me inventé porque hace poco leí unos artículos sobre esto y me quedó la impresión de que más mujeres de las que creemos son de este tipo. Ya lo dijo la gran Diamela Eltit: "El amor es el opio de las mujeres". Pues que así sea, luego de años drogándome con psicotrópicos y los más diversos antipsicóticos y antidepresivos, hoy elijo drogarme con tu amor, con tus palabras, con tus besos.
Me siento demasiado pendeja, demasiado nueva, demasiado chica.


Tammy

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